¿Límites sí, límites no?

No me voy a andar por las ramas, lo tengo muy claro: SÍ. Son necesarios para un desarrollo sano y equilibrado y aportan seguridad a todos.

Ahora bien, cuando me refiero a límites, no lo hago en el sentido negativo que suele connotar la palabra. Nada tiene que ver el límite con el castigo y mucho menos, con el abuso de autoridad.

Hay límites que todos entendemos y nadie cuestiona, por ejemplo, y recordando a Carlos González, si tu hijo quiere cruzar la calle sin mirar, beberse un vaso de lejía, tirarse por la ventana o quemar el piso, obviamente,  NO LE VAS A DEJAR. Con lo cual, todos sabemos establecer límites.

El conflicto nace cuando quieres establecer límites o normas que atañen a la convivencia y al día a día, por ejemplo, cuando tus hijos se ponen a pintar las paredes, saltar en el sofá o cuando no quieren ir a lavarse las manos para cenar.

Lo primero que debemos entender, es que los niños no son tiranos, ogros o personas que nos toman el pelo (aunque a veces lo pensemos). Son, simple y llanamente, niños. Por ejemplo, cuando nuestros hijos lloran a grito pelado porque quieren un helado, simplemente, quieren un helado. Ellos no entienden, a priori,  de azúcares añadidos, dinero, caries o del ya famoso “que luego no cenas“, ellos quieren su helado AHORA. Si el helado no os parece buen ejemplo, pensad en cualquier escena cotidiana: saltar en el sofá, no lavarse los dientes o gritar.

Aquí entramos nosotros y establecemos un límite/norma: NO HAY HELADO O SI HAY HELADO, lo que le parezca a cada padre dentro de una lógica.

¿Como tendríamos que establecer el límite o la norma?

  1. Debemos agacharnos, nos ponemos a su altura, le miramos a los ojos.
  2. Contacto físico: una caricia, le cogemos de la mano…
  3. Empatía, ponernos en su lugar. Está frustrado, enfadado, triste… Está demostrado que el lenguaje no verbal de un adulto tiene una presencia del 97% en la comunicación con lo que si intentamos revivir una situación que nos produzca la emoción por la que está pasando nuestro hijo, no solo él será capaz de ver que le “entiendes” sino que tu mismo serás capaz de entenderle a él.
  4. Le damos una explicación CLARA Y ESTABLE de forma FIRME pero sin alzar la voz (No vale que a la norma o límite que apliquemos hoy una consecuencia, mañana la ignoremos, siempre tiene que haber la misma consecuencia o no, eso ya dependerá de cada padre, detrás de una norma o límite)
  5. Debemos asumir la responsabilidad del límite (“Como no te comas eso, vendrá el hombre del saco” o “Ya verás cuando venga tu madre” son contraproducentes. Quien pone el límite es el adulto que está en ese momento y debe personificarse).
  6. Tener presente que las normas deben ser independientes las unas de las otras: Si por poner la mesa cada día hemos decidido que jugaremos con él, pero por el camino rompe un jarrón, iremos a jugar con él de igual manera, aplicándole otra consecuencia por la rotura del jarrón (pero del tema consecuencias, tanto positivas como negativas, ya hablaremos en otro post, puesto que va de la mano con este)

No siempre es fácil, de facto, es complicadísimo. Lo es porque estamos cansados, porque nos frustramos y porque no recordamos que es ser niño. Es por eso, que es importante poner conciencia en lo que hacemos y pedir ayuda cuando la necesitamos. Todos, tenemos “esos días” en los que no somos capaces de hablar sin gruñir.

Ahora bien, ¿cómo lo hacemos para que deje de centrar su atención en “eso” que no queremos que haga? ¿Con castigos? ¿Con premios? No…

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  1. FIRMEZA EN EL CUMPLIMIENTO: una de las que más cuesta. Una rutina flexible invita a la resistencia y se torna imposible de cumplir. Hay que intentar ser consistente y mantener los límites y reglas, sobretodo en la vida diaria (esto está muy ligado a las rutinas que tenemos, como cenar y dormir siempre a la misma hora).
  2. OFRECIENDO ALTERNATIVAS. “Mira fulanito (nos agachamos, le damos un beso… ) entiendo que quieras pintar, pero NO PUEDES HACERLO en la pared. Porque no pintas en estas hojas?”  Si está en la época del no, es complicado. Pero debemos seguir ofreciendo alternativas.
  3. CONTROLAR NUESTRAS EMOCIONES. Si perdemos los nervios, nos ponemos a la defensiva, les chillamos… estamos perdidos. Nosotros somos los adultos. Si gritamos, no podemos pedir que no nos griten.
  4. NO MENTIR, nunca, bajo ningún concepto. “Venga va, ponte la chaqueta y nos vamos al parque” y en realidad lo que tienes es prisa porque tienes que comprar y quieres ahorrarte el drama de la chaqueta pero no hay parque. Así sólo les enseñamos que las cosas se consiguen con la mentira. ¿Queremos eso?
  5. NO RIDICULIZAR al niño. “Ay que ver menganito que feo te pones llorando…”
  6. ACENTÚA SIEMPRE LO POSITIVO: Trata de felicitarlo por todo lo que hace bien. Más que centrarte en todo lo que no está haciendo o está haciendo mal. Aquí también entra el tema de la comunicación positiva. Es mejor decir lo que puede hacer que lo que no puede hacer: mejor digamos: por favor, habla bajo, que decir: NO grites!

Es importante saber que batallas librar con ellos.  Es fundamental entender que los niños, niños son y están aprendiendo, descubriendo el mundo y formando su personalidad. Poner límites con amor y respeto y saber en que momentos puedo ignorar algunas conductas perturbadoras poco importantes no es signo de mal criar o “dejar hacer lo que quieran“, es simplemente, educar.

También es cierto que para cada familia los límites y normas pueden ser unos u otros, si que es importante, por eso, establecer cuales son infranqueables y cuales no. A veces, pasamos el día entero prohibiendo cosas a nuestros hijos que tampoco son “tan importantes“. Deben ser pocos pero claros. Extralimitarse poniéndolos, solo hará que nos cansemos y nos frustremos. Es malo no tenerlos pero igualmente, excederse.

Somos los padres los que elegimos que batallas queremos librar y que batallas preferimos evitar.

Y vosotros, ¿sois de límites? ¿castigáis? ¿que opináis? Y, lo mas importante, ¿cómo lo hacéis?castigo

2 respuestas a «¿Límites sí, límites no?»

  1. Me gustas las normas, con ellas se que puedo alcanzar a las metas y retos propuestos con ellas trazo el camino a seguir, lo que me da seguridad en lo que estoy haciendo.
    La sociedad en la que vivimos está llena de normas y límites, por eso creo que es bueno educar a nuestros hijos de forma que cuando crecen ya conocen el juego.
    Tenemos que saber diferenciar entre limites y limitaciones. Un limite es una regla, una limitación es una creencia personal que transmitimos, aunque sea de forma inconsciente, a los demás.
    Gracias por este post nos permite aprender y tambien poder compartir nuestras vivencias.

    1. Muchas gracias por tu comentario Carmen. Las normas y límites son claves para el desarrollo de nuestros pequeños, como tu bien dices. Nos alegra que os ayude, aunque sea un poquito. 😉

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