Decir “NO” es fácil: Consejos para priorizar y centrarnos en nuestros deseos y metas

No es un secreto que decir “no” NO es fácil.

Si estás leyendo esto, me imagino que dices SI todo el tiempo. Lo difícil es hacerlo de manera deliberada y estratégica. Saber decir NO, cuando realmente quieres, en lugar de cuando te sientes forzado a hacerlo o eliges decir que no al azar.

Siendo niños, pasamos por una fase en la que decimos NO a todo, pero a medida que nos hacemos mayores tendemos a ir complaciendo cada vez más a la gente y muchos NO se convierten en SI forzados.

Primero de todo, hay que reconocer en que momentos estamos haciendo algo por complacer o, por el contrario,  porqué realmente queremos y es una buena oportunidad para nosotros. Pongámonos en el supuesto de que nos mudamos a una ciudad grande y llena de actividades y gente por conocer. Imagina a toda esa gente nueva que conoces invitándote a un espectáculo, a una exposición de arte, a un cumpleaños, a escuchar a un grupo de música. Si empezamos a decir que SI a todo, acabaremos agotados y sin tiempo físico para realizar todas esas actividades. Cualquier cosa que hagamos tiene límites. Si estás tratando de servir a más clientes en tu negocio, apuntarte a más actividades para tu ocio o ir a más fiestas, en algún momento, te darás cuenta que no hay tantas horas en el día.

Segundo, tenemos que empezar a darnos cuenta de que por no ir a algún acontecimiento, cumpleaños o inauguración, no te vas a quedar solo y sin planes. Tus amigos, familiares o conocidos seguirán estando ahí y también múltiples actividades que realizar.

Decir NO a un favor, a una tarea de voluntariado, a una donación, a un evento social o a un trabajo es inevitable. De hecho, puedes establecer algunos criterios reflexivos y específicos que estén alineados con tus valores y metas para prepararte para decir NO con amabilidad, claridad y confianza. Decir NO sin sentirnos mal, sin sentir culpa, puede ser una forma satisfactoria de crear espacio para las oportunidades que elegimos en lugar de las que nos quedan al final de intentar hacerlo todo.

Las emociones pueden ser intensas cuando sentimos la presión de todo lo que pretendemos hacer. Se siente como un círculo vicioso. El no hacer crea ansiedad, y la ansiedad hace que sea más difícil hacerlo. Nos sentimos paralizados. Nuestra forma de lidiar con el estrés es tratar de olvidarlo, pero eso no hace que desaparezca.

La buena noticia es que sólo hay 3 opciones. Y, una cuarta, que es la que estás haciendo ahora, vivir en el limbo, desperdiciando tu tiempo y energía emocional con tareas y compromisos.

Aquí van las 3 OPCIONES para priorizar y centrarnos en nuestros deseos y metas:

  1. HAZLO: Eso que quieres hacer y para lo que dices no tener tiempo. Marca una línea de inicio y una fecha límite. Eso significa decir cuándo empezarás con la tarea y cuándo se acabará. Y hazlo. Puedo oírte decir “ya lo he intentado”, “otra vez volver a intentarlo”, “Eso está muy bien pero no funciona”. Entonces no estás en la opción 1. Veamos si estás en la 2 o la 3.
  2. DECIDE NO HACERLO: Así de fácil, déjalo. Sal del bucle de sentimientos negativos. Deja de preocuparte por eso y tíralo por completo, si quieres y puedes. ¿No crees que puedas hacerlo? ¿Es demasiado duro? Imagínate por un momento que decides activamente no hacer algo, dejarlo estar. Ahora, imagina que consecuencias tendría en tu vida. ¿Puedes vivir con eso? ¿Tal vez hay algo que vas a ganar al NO hacerlo? Sí es así, date permiso para tomar esa sabia elección y di NO. Si te das cuenta de que no puedes dejar pasar “la cosa”, tienes que volver al punto 1 o al 3.
  3. CÁMBIALO: Piensa en lo que necesitas hacer y cámbialo de alguna manera. Aquí te dejo algunas ideas, pero puedes hacer muchas más. Reducir tus expectativas y la escala de tu proyecto. O por el contrario, aumentar las expectativas para motivarte a trabajar más duro. Pedir ayuda. Dividirlo en “subtareas” y realizar el paso 1 (haz cada una de esas tareas). Buscar alternativas, investiga que más puedes hacer. Estas son sólo algunas ideas, pero hay infinitas formas creativas para cambiar. Incluso si eso significa sólo cambiar el color de pintura de una habitación. Pero el cambio tiene que ser lo suficientemente grande como para sacudirte de la silla y ponerte en acción. Moverte del lugar en el que te encuentras.

Siempre es bueno ir trabajando con enfoques combinados. Dejar ir algunas tareas y decir NO,  para centrarte en la lista de tareas a realizar. Las que vemos que nos cuesta, buscar una alternativa para cambiarlas, y si no se puede, renunciar. Y, así, iremos haciendo, deshaciendo y reduciendo nuestro estrés y ansiedad focalizados en nuestras metas, no dependiendo de los demás.

Así que, manos a la obra, si probáis con alguno de estos enfoques, no dudéis en compartirlo en nuestros comentarios.

Os recordamos que desde KAVUREY abordamos este tipo de problemáticas con una alta efectividad, de manera presencial o virtual. Si crees que podrías estar inmerso en una situación que requiera ayuda de un profesional o conoces a alguien que pueda necesitarlo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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